viernes, 14 de octubre de 2016

CONTEMPORANEIDAD DE ORO DEL TOREO DE POST GUERRA.
Pese a la dura situación española de los años cuarenta, los toros congregaban a gran cantidad de gente hacia las plazas al solo hecho de verse anunciados en ellas a las figuras del cálifa de Córdova, Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" y del mexicano Carlos Arruza, sumados a un Domingo Ortega, uno de los más dominadores de la historia del toreo y que según reseña el doctor Carlos Bazán Zender en su magníifco libro "De Toreros y Gitanos" (Lima, 2012): "Domingo avasallaba con esa manera de andarle a los toros con su ritmo de movimientos acompasados, su sonámbula verónica, su portentoso ayudado por bajo, el hechizo de su muletazo en redondo con la derecha..."; Pepín Martín Vásquez, Pepe Luis Vásquez, poniendo el toreo sevillano en el umbral; el controvertido pero excelso Luis Miguel "Dominguín", Jaime Marco, valenciano que usaba el capote de forma inigualable y que apodaba "El Choni", y qué decir de Agustín Parra "Parrita".
Seguían a estos los diestros de alternativa capaces de "llevar de cabeza" a aquellos de los primeros lugares, nos referimos a Fermín Espinoza el gran "Armillita" con su poderosísima muleta, y Fermín Rivera, quien ocupó el octavo lugar del escalafón de entre casi cincuenta de toreros de alternativa.
Silverio Pérez "El Faraón de Texcoco", quien fuera el último de las grandes leyendas de la Época de Oro del toreo mexicano. Se hizo torero a raiz de la muerte de su hermano, el legendario Carmelo Pérez, fallecido por complicaciones de una neumonía a los 22 años en Madrid tras consecuencia de una terrible cogida que le diera el toro "Michín" de San Diego de los Padres el 17 de noviembre de 1929 en la plaza "El Toreo de La Condesa" de la Ciudad de México. En esa ocasión, Carmelo alternó con el español Antonio Márquez, quien le cortó el rabo a una reserva de Piedras Negras junto a Pepe Ortiz.
Fermín Espinosa "Armillita" lo doctora en Puebla, el 6 de noviembre de 1938 con Paco Gorráez testificando el acto. El 11 de diciembre del mismo año en la plaza El Toreo recibe la confirmación de su alternativa por parte de Armillita y como testigo tuvo a Fermín Rivera.
Le cupo el privilegio de cortar el primer rabo en la historia de la Plaza México en la segunda corrida del serial inaugural al toro Barba Azul de Torrecilla, donde alternó con "Manolete", protagonizando un mano a mano.
Prosiguiendo con esta compilación, se cuenta que Silverio Pérez, desdeñaba el presentarse en Madrid argumentando supuestos problemas de la vista que resultaron más un tema supersticioso que otra cosa, dicen, al haberse visto en un espejo.
Con Carlos Vera "El Cañitas" y otros más se llenaba esta lista de casi cincuenta toreros incluyendo a un norteamericano, aunque suene falaz, Sidney Franklin, que subiera al escalafón superior ese mismo año de 1945 en Las Ventas, nada menos.
Deslumbrantes toreros que ocupaban sus puestos con mérito propio y singular personalidad. De gusto exquisito con el percal, daban unas verónicas primorosas Manolo Escudero y el catalán Mario Cabré, según relatan los cronistas de la época que también se rendían ante el gitano Rafael Albaicín (Ignacio Rafael García Escudero para mejor señalamiento), aquel que "detenía el tiempo en su capote" y que siendo estrenado de novillero en Bilbao le regalara su capote azul con bordados de plata a la Virgen de la Begoña. El gitano plasmaba el toreo siguiendo el derrotero belmontista “El toreo tiene que ser algo muy espiritual, sin forzar el cuerpo para nada, que casi el espíritu estuviera por encima de la materia. Por eso toreaba siempre como si mi cuerpo no existiera, con una gran languidez al mover las telas, con un gran sentimiento, como no dándole importancia a lo que estaba haciendo. Así conseguía esa estética que tanto llamaba la atención”.
Capítulo aparte valdría mencionar que fue un período muy interesante que influyó en la cabaña brava, el desplazamiento de los consagrados, la migración a América, principalmente México, que aprovecho mucho de ese momento, siendo el ejemplo más palpable el del trianero Joaquín Rodríguez "Cagancho" , mientras que figuras como Lalanda y la Serna resignaron mucho.
También habría que apuntar sobre los dos "Morenitos", el valenciano Aurelio Puchol y el talaverano Emiliano de la Casa; y al murciano Pedro Barrera.
Resumidos estos años en aquellos dos grandes de la historia del toreo, las estadísticas hablan de más de cien corridas para el mexicano Arruza y unas setenta para el mítico Manolete que de no haber mediado esa fractura a la clavícula ocasionada en Alicante por la que tuvo que dejar de torear un tiempo, del 29 de junio al 6 de agosto en que reaparece en la feria de la Vitoria, recrudeciéndole la lesión por lo que vuelve a hacer una pausa hasta ese fatídico 28 de agosto en Linares, las habría superado. (MC)



(Sumillados y referencias, M.Serrano; Bazán Zender; Valero de Palma. Foto: Cano, Aplausos)

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